Los alimentos que hay que evitar

Alimentacion y acné

Empecemos por lo básico: no existe una dieta «antiacné» propiamente dicha. Todo depende de la calidad y el equilibrio de los alimentos.

La alimentación puede influir en el acné, pero no es ni el único factor ni el más determinante. La idea es, por tanto, adoptar mejores hábitos dando prioridad a los alimentos de calidad, sin frustrarse ni seguir una dieta estricta. Lo importante es encontrar una alimentación adaptada a las propias necesidades.

Intro

La alimentación influye directamente en el organismo: la digestión, los niveles de azúcar, el equilibrio hormonal y la producción de sebo son factores relacionados con el acné.

También desempeña un papel en la eliminación de residuos. Cuando el hígado y los intestinos están sobrecargados —debido al estrés, la falta de sueño o una alimentación demasiado rica en productos procesados— aparecen desequilibrios. La piel puede entonces tomar el relevo, favoreciendo la aparición del acné.

TUS 3 PEORES ANEMIGOS

Los azúcares refinados

Los azúcares, también llamados hidratos de carbono, son esenciales para el buen funcionamiento del organismo, especialmente para el cerebro. Por lo tanto, es importante consumirlos, pero dando prioridad a su calidad.

Se recomienda reducir el consumo de azúcares blancos refinados, que han perdido la mayor parte de sus vitaminas y minerales, así como de alimentos con un índice glucémico elevado. Estos últimos provocan un rápido aumento del nivel de azúcar en sangre. Se encuentran, por ejemplo, en pasteles, refrescos, caramelos, chocolate con leche, helados, pero también en algunos productos procesados como platos preparados, sopas o salsas. Un consumo excesivo puede provocar inflamación, favorecer problemas de la piel como el acné y alterar el equilibrio hormonal.

Por el contrario, es mejor optar por alternativas más naturales, como la fruta, que contiene azúcares de origen natural, o la miel. El chocolate negro con alto contenido en cacao (alrededor del 90 %) también es una opción mejor que los productos industriales azucarados. En resumen, la clave sigue siendo apostar por la calidad de los alimentos.

Los productos lácteos de origen animal

En forma de leche en el desayuno, de queso, nata o yogur en las comidas del mediodía o de la cena…
Sin olvidar tampoco la leche que se utiliza para los pasteles, que se añade a las salsas, a los helados…


Estos alimentos actúan de diferentes maneras en nuestro organismo: aunque son ricos en calcio, un elemento esencial para la fortaleza de nuestros huesos, también pueden provocar desequilibrios hormonales e intestinales y, posteriormente, problemas de piel, como el acné.
Así que piensa en variar los orígenes: prueba la leche de oveja, de cabra, de yegua…


Hoy en día también hay una amplia variedad de bebidas a base de leche vegetal. Hay para todos los gustos, así que pruébalas y cambia de vez en cuando la leche de vaca por leche de almendra, de avena o incluso de avellana. Sin embargo, comprueba que no contengan azúcares añadidos en su composición.

Los alimentos procesados

En los últimos cincuenta años, nuestra alimentación ha cambiado profundamente, con un papel cada vez más importante de los productos industriales. Estos alimentos suelen estar muy procesados, son ricos en azúcares refinados y grasas saturadas, y contienen numerosos aditivos, colorantes y conservantes.

Ante esta acumulación de sustancias, el organismo puede tener dificultades para adaptarse. Este contexto alimentario puede, por tanto, crear un terreno propicio para el desarrollo del acné.

Por lo tanto, se recomienda limitar en la medida de lo posible los productos industriales envasados y dar prioridad a una alimentación más sencilla: alimentos crudos, naturales o procedentes de la agricultura ecológica y, sobre todo, lo menos procesados posible.